Paquimé: Ciudad de hombres PDF Imprimir E-mail

 

Zona Arqueológica de Paquimé, Chihuahua1

“Paquimé, por su arquitectura de tierra, es el sitio arqueológico por excelencia cuando se habla de las civilizaciones que poblaron el septentrión mexicano durante la época prehispánica. Quizá sea la expresión cultural más acabada de todos los pueblos que se asentaron en el territorio de la cultura Casas Grandes, durante los años 1200 al 1450 de nuestra era2”.

Paquimé, el lugar de las casas grandes, es una antigua ciudad prehispánica ubicada en el estado de Chihuahua, conformada por diversos edificios cuya característica principal es la utilización de adobe, madera y piedra para su construcción. Las características únicas de las técnicas constructivas utilizadas permitieron la existencia de edificios con dos o inclusive tres pisos de altura, llegando a albergar poco más de dos mil habitantes.

El desarrollo de la cultura Casas Grandes y su centro Paquimé, abarcó el noroeste de la Sierra Madre Occidental, la mayor parte del oeste de Chihuahua y algunas áreas de Sonora, Arizona y Nuevo México, llegando a zonas completamente distintas entre sí y con retos de adaptación diferentes, tal es el caso de Cueva de la Olla, ubicada a 50 kilómetros de Paquimé. Se trata de un asentamiento periférico de la Cultura casas Grandes ubicado en el corazón de la sierra en un pequeño valle intermontano. Cueva de la olla es un perfecto ejemplo de las llamadas Casas en acantilado, una serie de cuevas utilizadas con fines habitacionales, que en ocasiones llegan a contener un enorme granero construido con pajas y barro que permitía el almacenaje de alimentos.

Tradicionalmente la antigua ciudad de Paquimé  había sido considerada como un enclave tolteca o avanzada pochteca mesoamericana en el norte de México, cómo un centro comercial de importancia que concentraba productos provenientes de Mesoamérica y el gran suroeste de Estados Unidos. Las recientes investigaciones en esta ciudad y en los asentamientos periféricos han cambiado la perspectiva social sobre esta antigua urbe, ahora se piensa más en un desarrollo a través de medios locales que por influencias externas.

 

Ubicación de la zona arqueológica


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Arquitectura

Arquitectura3

Paquimé
La zona arqueológica de Paquimé está conformada por diversos edificios cuya característica principal es la utilización de adobe, madera y piedra para su construcción. Las características únicas de las técnicas constructivas utilizadas permitieron la construcción de edificios con dos o inclusive tres pisos de altura. Son varios los espacios a recorrer en esta zona, por un lado se encuentra la llamada Casa de los Hornos, que forma parte de un conjunto de nueve cuartos y dos plazas pequeñas. Se cree que las cavidades encontradas en su interior fueron usados para cocer agave o sotol para la fabricación de bebidas destiladas. La Casa de las Serpientes consistía originalmente de 24 cuartos sencillos, dos cuartos dobles, tres vestíbulos y tres plazas. Después se extendió y adaptó para criar guacamayas y tortugas. En la Casa de las Guacamayas se encontraron 122 aves enterradas bajo su piso. De los dos juegos de pelota encontrados, uno de ellos sobrevive en forma intacta, y cuenta con gradas en tres de sus lados.

El éxito de este pueblo se refleja en sus obras para controlar el agua y a la vez retener el suelo mediante la construcción de trincheras y terrazas. Estos sistemas se extendieron desde las montañas hasta los valles del río Casas Grandes. En Paquimé el sistema hidráulico es uno de las instalaciones más importantes del complejo residencial, incluye aljibes, canales, acequias, drenajes, entre otros.

En Paquimé se conjugan elementos culturales provenientes de Mesoamérica  y elementos culturales de los pueblos del desierto. Esto quedo plasmado con los montículos ceremoniales que aquí se encuentran; El juego de Pelota es un símbolo de la fertilidad. La serpiente y la guacamaya también. El simbolismo que Paquimé encierra tiene que ver con la reproducción de la vida, la fertilidad, el florecimiento y  la muerte. Paquimé es el Centro Ceremonial de la Cultura Casas Grandes.


Cueva de la Olla
La Zona Arqueológica Cueva de la Olla se encuentra a 55 kilómetros al noroeste de la cabecera municipal, Casas Grandes, en el paraje conocido como El Valle de las Cuevas en las inmediaciones del Pueblo del Willy. La ubicación del asentamiento prehispánico en un pequeño valle intermontano permitió a los arqueólogos establecer un radio de influencia de la Cultura Casas Grandes que se extendía a más de 50 kilómetros hacia esta región serrana.

La Cueva de la Olla, la cual se compone de una serie de cuartos construidos con un adobe prehispánico denominado encofrado y consiste en lodo batido y vaciado en moldes de tablas a manera de cimbra para ir construyendo muros. Los techos son a base de viguerías y terrado. Mediante esta técnica se llegaron a construir casas de dos pisos al interior de la cueva.

Los sitios de la provincia serrana de la Cultura Casas Grandes son la evidencia mejor conservada de los diversos periodos de la ocupación humana en la región. Albergan evidencia de los primeros cazadores recolectores que usaron las cuevas como refugio. También albergan evidencia de las primeras aldeas agrícolas. Hay evidencia del florecimiento y la decadencia de la Cultura Casas Grandes; y fueron refugio de los grupos de apaches que estaban siendo exterminados durante la segunda mitad del siglo XIX.

 

 
Exploraciones

Exploraciones

1563  Alvar Núñez Cabeza de Vaca y Estebanico, su fiel compañero, tras un largo peregrinar tras el naufragio de su embarcación en las costas de Florida en 1528, llegan casualmente a las ruinas de Paquimé, buscaban noticia de españoles para ser rescatados. A lo largo de su travesía recorren una gran cantidad de poblaciones, registrando de cierta manera los usos y costumbres. La travesía que cruzo de costa a costa fue registrada en la obra Relatos y Comentario que en 1542 sería publicada.

1565  Francisco de Ibarra llega a Paquimé. La intención de su viaje era buscar diversos tesoros mitológicos como las siete ciudades del Cíbola, así como ampliar la conquista de la espada española hacia territorios norteños.

1584  Baltazar de Obregón visita las ruinas y hace su primera descripción.

1819  José Agustín de Escudero visita Paquimé, hace una descripción de las ruinas y en general del estado de Chihuahua.

1825–1828  El teniente. R.W.H. Hardy, del ejército de Inglaterra, viaja a través de México. En Paquimé recupera una vasija polícroma y nota que los Apaches se encuentran excavando el sitio en busca de ornamentos de concha y vasijas

1842–1845  El general José Mariano Monterde, oficial del ejército mexicano e ingeniero visita el sitio, lleva a cabo un rudimentario mapa de las ruinas.

1852  El comisionado fronterizo John Bartlett, a lo largo de un día recolecta piezas, escava algunos edificios y realiza algunos burdos dibujos de Paquimé. Comenta que las antigüedades de esta ciudad son muy apreciadas por la gente de Chihuahua, alcanzando altos precios en el mercado.

1884  Adolph Bandelier conduce un reconocimiento en el noroeste de México, empezando en Arizona, pasando por Sonora y en Chihuahua visita Paquimé. El viaje es descrito en un manuscrito preparado para el arzobispo Salponte de Santa Fe, el cual actualmente se encuentra en la librería del Vaticano. En el texto incluye más de 90 ilustraciones a color de cerámica, herramientas de piedra y arte rupestre, incluyendo una buena parte a las ruinas de Paquimé.

1890–1898  Carl Lumholtz realiza un viaje al noroeste de México, recorre una buena porción de los estados de sonora y Chihuahua, en este último recorre el río Piedras Verdes hasta el valle de Casas Grandes, aquí excava diversos sitios periféricos a Paquimé recolectando diversas piezas arqueológicas las cuales actualmente se encuentran bajo resguardo del American Museum of Natural History. Los resultados de sus viajes fueron plasmados en su magna obra México Desconocido.

1916  Soldados de la expedición Punitiva del ejército norteamericano, cuyo interés era capturar a Pancho Villa, saquean múltiples sitios del área de Casas Grandes. Los reportes señalan que se saquearon todos los montículos en el distrito de Corralitos en busca de vasijas. La única exploración un tanto más sistemática fue realizada en uno de los sitios con la aprobación del ejército norteamericano, las piezas se enviaron al National Museum of Natural History.

1921  Después de haber sido designado encargado de la arqueología del norte de Chihuahua por parte del INAH, el arqueólogo Eduardo Noguera visita Paquimé y Coyame (en el bajo Río Conchos) Durante su visita viaja a El Paso para confrontar a Edward Ledwidge, un coleccionista de vasijas de Casas Grandes e importador y distribuidor de las vasijas. Ledwidge toma muy en serio las advertencias de Noguera y vende su colección al Museum of New Mexico/School of American Research, the Royal Ontario Museum, and the Washington Archaeological Society. Un último lote de su colección lo dona al National Museum of Natural History.

1922–1924  Alfred V. Kidder visita Paquimé con la intención de preparar posibles proyectos de investigación en el área. En 1924 regresa a Paquimé acompañado de George. C. Vaillant (quien a la postre realizaría investigaciones arqueológicas en el centro de México) y S. J. Guernsey realizando un reconocimiento del área de Babícora. Durante su estancia realizan excavaciones en las inmediaciones del Arroyo las Varas, además de esto registran diversas casas en acantilado a lo largo del Arroyo Garabato en la parte serrana.

1929  Carmen Alessio Robles visita Paquimé y sus alrededores, llevando a cabo recolecciones de artefactos arqueológicos.

1935–1942  El Dr. José Guadalupe Martín del Campo, un arqueólogo amateur realiza excavaciones no profesionales en en área de casas Grandes.

1958-1961  La Amerind Foundation Inc. de Arizona y El INAH a través de los arqueólogos Charles C. Di Peso y Eduardo Contreras, respectivamente, llevan a cabo las primeras excavaciones arqueológicas del sitio, el proyecto fue denominado The Joint Casas Grandes Project, lográndose establecer la cronología de ocupación del sitio, sistemas constructivos, extensión del área nuclear: de manera general las características culturales de la sociedad que habitó la ciudad de Paquimé. Los resultados de las investigaciones fueron publicados en 1974 por el Dr. Di Peso en una magna obra de ocho tomos intitulada, Paquimé. A fallen Trading Center of the Gran Chichimeca. Aquí se postula que Paquimés representó un asentamiento de gente proveniente de Mesoamerica. Sin lugar a dudas, a pesar de que en la actualidad muchas de las ideas de Di Peso han sido modificadas, la esencia de sus conclusiones permanecen inmutables. Este proyecto representa el inicio formal de las investigaciones modernas de la arqueología del Norte de México.

1973  El INAH establece su primera oficina en el Nororeste mexicano, denominado Centro regional del Noroeste, ubicada en Hermosillo, Sonora, siendo su primer director el arqueólogo Arturo Oliveros. La oficina era la encargada de la salvaguarda e investigación de los vestigios arqueológicos de los estados de Baja California, Sonora, Sinaloa, y Chihuahua. Este hecho marca el inicio del periodo moderno de las investigaciones arqueológicas.

1998  La zona arqueológica de Paquimé es declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.

1995  Se funda el Museo de las Culturas del Norte en las inmediaciones de la Zona Arqueológica de Paquimé.

Actualmente el INAH desarrolla proyectos de investigación en el área periférica, en Paquimé lleva a cabo trabajos de conservación e investigación.

 

 
Arqueólogos

Los Arqueólogos

Eduardo Gamboa Carrera*
Eduardo Pio Gamboa Carrera es profesor de investigación científica del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Director de la Zona Arqueológica de Paquimé y su museo de sitio, el Museo de Las Culturas del Norte del INAH. Y director de proyectos de investigación arqueológica en Paquimé y la región noroccidental de la Sierra Madre Occidental. Y miembro del Consejo de Arqueología del INAH desde el año 2005, como titular de la zona norte de México. Su trabajo está orientado a la conservación del patrimonio arqueológico de los vestigios, en particular del legado de arquitectura de tierra, de la ocupación “pueblo” que tuvo lugar en chihuahua entre los años 600 a 1200 de nuestra era en el Norte de nuestro País. Su labor ha dado lugar a la preservación de sitios como Paquimé, Patrimonio Cultural de la Humanidad, en Casas Grandes Chihuahua, Las Cuarenta Casas, sitio de Casas en Acantilado declarado zona de monumentos arqueológicos, ubicado en la Sierra Madre Occidental, en Cd. Madera Chihuahua, son ejemplos de su trabajo.

Entre otros. El Arqlgo. Eduardo Gamboa ha sido becado por las fundaciones J.M. Kaplan y World Monument Fund para implementar sus proyectos de conservación y restauración arquitectónica de los sitios de Casas Acantilado que se localizan en las cañadas de la Sierra Madre Occidental en Chihuahua. Este extraordinario estudio ha permitido la documentación de 180 poblaciones serranas con vestigios arqueológicos de comunidades Pueblo que construyeron sus conjuntos habitacionales empleando tierra, piedra y madera.

También ha permitido la restauración de sitios arqueológicos importantes en la región Madera tales como Las Cuarenta Casas, El Conjunto Huápoca, La Cueva Grande, Las Rancherías en Sírupa, Y Cueva de la Olla en Casas Grandes. Ha dirigido el proyecto de investigación y conservación de la Zona Arqueológica de Paquimé, Patrimonio Cultural de la Humanidad. Su trabajo incluye exposiciones fotográficas de los sitios de casas acantilado. Clasificación de colecciones, participación en colegios académicos como la creación de los planes y programas de estudio de la licenciatura en arqueología de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, Unidad Chihuahua. Es miembro titular del Consejo de Arqueología del Instituto Nacional de Antropología e Historia, órgano consultivo de la dirección general del Instituto. Director y asesor de tesis de estudiantes de licenciatura, maestría y doctorado. Es fundador del Seminario Internacional sobre Conservación y Restauración de Arquitectura de Tierra. Es fundador de la Conferencia de Arqueología de la Frontera Norte. Ha participado en foros por todo el mundo exponiendo los avances de sus investigaciones arqueológicas y de conservación y apoya proyectos de restauración arquitectónica de la Arquitectura Maya en Chichén Itzá en colaboración interdisciplinaria. Es consultor sobre la conservación y restauración de la arquitectura de tierra y prehispánica, para México, Norte y Latinoamérica.

*Fuente: Coordinación Nacional de Arqueología, INAH


Beatriz Braniff Cornejo**
Definida a sí misma como mujer feminista que le gusta hablar, defender y batallar, Beatriz Braniff ingresó en 1952 a la Escuela Nacional de Antropología  porque, según sus propias palabras, se enamoro de un antropólogo al que le pareció fantástico escucharlo platicar. Ya seducida también por esa arqueología relacionada a la cuestión física de “estar en el campo”, fue intuyendo la sensibilidad que debe desarrollar el arqueólogo para encontrar lo que anda buscando y se integró al Instituto Nacional de Antropología e Historia en 1957. En una primera instancia se sintió ajena a esa comunidad a la  que comenzaba a pertenecer. Rubia de ojo azul y burguesa, no embonaba con el cliché de izquierda que se había colocado alrededor de los estudiantes de arqueología. Pero poco a poco, deriva de su talento y sagacidad, Braniff logro un lugar en un materia y además un reconocimiento institucional como investigadora emérita, gracias a su aporte al conocimiento de las culturas del norte del país y lo que significo para el desarrollo cultural de Mesoamérica. Sus maestros le influyeron y se fue quedando, como buena alumna, con aquello que más aportaba para su conocimiento y con lo que compartía su sensibilidad; menciona como influencia a Miguel Covarrubias, Francisco de la Maza, Jiménez Moreno y Pablo Martínez del Río. Varias fueron las vicisitudes que tuvo que enfrentar y resolver durante sus temporadas de campo, como el incipiente desarrollo de transportes, que satisfactoriamente le llevaron a caminar, paso a  paso, por Guanajuato, San Luis Potosí, Querétaro o Coahuila, y en general por todo el territorio norteño en busca de las huellas de los cazadores recolectores. El árido territorio del norte le permitió experimentar que la arqueología es caminar, oler, entender y tener imaginación para convertirse en indio y, mediante una lógica deductiva, proceder a la investigación que permita poner a prueba la inteligencia.

Para Beatriz Braniff todas sus experiencias han sido maravillosas, como su estancia en Sonora, donde hizo su tesis de doctorado en un lugar muy diferente al que estaba acostumbrada. Un Norte del que poco se sabe y donde hay mucho que desentrañar, situación que le llevó a desarrollar su tesis de doctorado en alrededor de 13 años, “La Frontera Protohistórica pima-ópata en Sonora, México. Proposiciones arqueológicas preliminares”. Resultado de esa larga formación, Beatriz Braniff ha sido docente en la ENAH, la UNAM, la Universidad de Texas en Austin y en la Universidad de Colima. Reconoce que la arqueología es un área de investigación que debe llevarse a cabo de manera interdisciplinaria y que a su vez el arqueólogo debe ser un profesional preparado desde distintos enfoques como la historia, la etnografía e incluso la historia del arte, porque es fundamental para comprender cualquier cultura.
Por otra parte, insiste, el arqueólogo tiene que establecer una relación cercana con quienes habitan los alrededores de los sitios o lugares que se estudian.

Para ella, lo vital es la relación con la gene que todavía vive en los lugares.

Cuando reflexiona en por qué decidió adentrarse en las culturas del norte, sin vacilar afirma que no le interesa la gran arqueología del Altiplano, ni la arquitectura monumental, ni los personajes emblemáticos, sino que su interés tiene que ver con la concepción de lo que es importante en la materia. Ella se pregunta, por ejemplo, sobre Pakal: ¿en dónde dormía?, ¿existía en su misma habitación un baño?, ¿cómo era la vida domestica de las miles de personas que mantuvieron su autoridad? El norte se develaba entonces como un reto a cuestionamientos específicos, en virtud de las pocas huellas que había por descubrir. En una tierra tan contrastante quiso saber cómo sobrevivían los grupos culturales en condiciones climáticas tan extremas, qué producían, cómo vestían o qué  comían. Así, dedicarse a la Gran Chichimeca, territorio considerado a partir del siglo XVI como el colindante hacia el norte de Mesoamérica, sobre el río Lerma, la llevó a reflexionar sobre lo que se considera como el ser civilizado y a un reconocimiento por la figura nómada como independiente, cuidador y parte de la naturaleza, como la que lo enfrenta cotidianamente, pero también quien le provee para su subsistencia; a entender al sedentarismo como una dinámica de dependencia “donde el maíz depende de ti y tu del maíz, y luego jerarquías y luego gobernantes para finalmente llegar a una supuesta civilización donde prevalece una gran depredación y destrucción del entorno”, según sus propias palabras. Dedicarse al estudio de la arqueología del desierto fue para ella como ponerle música a la arqueología, y hacer lo que más disfruta: la excavación. Fue comprender, entre otras muchas cosas, que el norteño posee rasgos culturales distintos: entrón, agresivo y directo, franco y no con una personalidad barroca. La cantidad de objetos que fue localizando a lo largo de sus investigaciones la llevó a revisar la información histórica a detalle y a confirmar cómo los seres humanos se expresan a través de sus creaciones, desde las flechas, la turquesa o la cerámica, y a entender lo que dicen los objetos, lo que sugieren. Investigaciones y recolecciones que dieron pie  a la creación del Museo de Paquimé.

Entre las comisiones institucionales que ha desarrollado están el ser miembro del Consejo Nacional de Arqueología, de 1989 a 1991, y el de ser directora del Proyecto Museo de las Culturas del Norte Casas Grandes, entre 1992 y 1995, el coordinadora del Centro de Estudios Antropológicos del Occidente, Colima, de 1995 al 2000. Las investigaciones desarrolladas por Beatriz Braniff cuestionaron las tesis que había hasta sus días y permitieron entender un horizonte cultural distinto al que conocía en Mesoamérica, dibujando una frontera punteada hacia al norte, un vasto territorio intenso, extenso y diverso con quienes los grupos del Antiplano mantuvieron relaciones y quienes tras una importante sequía emigraron hacia el sur, enriqueciendo el pensamiento de otros grupos culturales, resultado de esas migraciones. Sus publicaciones dan cuenta de la arqueología de estados como San Luis Potosí, Chihuahua, Guanajuato, Jalisco, Sonora, Querétaro o Colima, y los títulos que ha desarrollado forman un corpus extensísimo, obligado en la comprensión  del norte de México.

Entre algunas de sus cientos de publicaciones: “La posibilidad de comercio y colonización en el noroeste de México, visto desde Mesoamérica”, Cuadernos de los Centros Núm. 24, INAH 1976. “La arqueología, la historia y la subsistencia moderna”. Foro Interamericano: “La Cultura Popular y la Educación Superior”, Universidad e Colima, 1980. “Diseños tradicionales mesoamericanos y norteños”. Ensayo de interpretación. Arqueología del Occidente y Norte de México. Homenaje al Dr. J. Charles-Kelly”, de 1986; The Identification of Possible Elites in Prehispanic Sonora, Southwest Symposium, Arizona State Museum. Tempe, 1987. “Diseños tradicionales mesoamericanos y norteños. Ensayo de Interpretación”, “La arquitectura y la arqueología: la tradición de Casa Grandes”, revista Enlace, año 5, núm. 6, México, 1995. La gran Chichimeca: el lugar de las rocas secas, como coordinadora.

Actualmente sus investigaciones arqueológicas continúan y se combinan con la actividad de compartir sus conocimientos con la pequeña comunidad de Nogueras, Colima en donde vive, que lo mismo da cursos a los maestros sobre arqueología que una explicación acerca del culto a la cruz a un grupo de escolares en la inauguración de una exposición. Su carácter fuerte envuelve a la mujer feliz, como se describe, que a lo largo de sus experiencias amorosas busco al hombre siempre y cuando la siguiera, respetara y admirara, aunque a veces reconoce momentos difíciles , afirma que no se arrepiente  de nada de lo que ha hecho en su vida, incluyendo “el vuelo a la hilacha”, menos aún las borracheras de música, de amor, de sol y de cansancio, que en sus momentos de soledad se combinan con la colección de música sui generis que disfruta.

** Por: Javier González Rubio Iribarren
2010 Forjadores del INAH 1939-2009. Pp 21-24. INAH México

 
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Archaeology Southwet. Vol 17. No. 2. Center for Desert Archaeology

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Bibliografía

Referencias bibliográficas

Braniff Cornejo, Beatriz
2001  La Gran Chichimeca: El Lugar de las Rocas Secas. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Mexico D.F., Mexico.
2008  Paquimé. Fondo de Cultura Económica.

Di Peso, Charles
1974  Casas Grandes: A Fallen Traden Center of The Gran Chichimeca. Vol. 1-8. Amerind Foundation.

Gamboa, Eduardo
2012  Paquimé. En: Diálogos con el pasado, recuento. Pp. 65-76. INAH, México.

Hard, R. J., and J. R. Roney
1998  A Massive Terraced Village Complex in Chihuahua, Mexico, 3000 Years before Present. Science, 279:1661-1664.

Lazcano Sahagún, Carlos
1998  Explorando un mundo olvidado. Sitios perdidos de la Cultura Paquimé. Grupos cementos de Chihuahua. México.

Lumholtz , Carl
1902 (2006)  El México Desconocido. México, Comisión Nacional para el DesarrolIo de los Pueblos Indígenas (100 años de testimonios de los pueblos indígenas) Vol. 1 y 2

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1999  The Casas Grandes World. University of Utah Press, Salt Lake City.

Whalen, Michael y Paul Minnis
2001  Casas Grandes and his Hinterland. The Arizona board of regents, University of Arizno Press.

 

 
Fotos

 

Última actualización el Jueves, 14 de Mayo de 2015 15:23